El "establecimiento" no sabe qué hacer con Rafael Correa y su revolución ciudadana. Unas cinco mil personas fueron las que usufructuaron del poder, y ahora se han quedado huérfanas.
Los políticos, las dirigencias de todos los movimientos, los partidos, los dueños y editores de algunos medios de información, las "asociaciones", los socios de los clubes exclusivos, los dirigentes de todos los gremios, cámaras y organizaciones de todo tipo, los "círculos íntimos" de dignidades de control y de las otras, los grandes bufetes de abogados y cabildeadores profesionales de los grandes contratos del Estado, la burocracia dorada; todas y todos están desconcertados con lo que está pasando.
La gente dejó de creerles, les perdió el miedo y el respeto y por primera vez en muchos años, quizá en décadas, las "viudas del poder" ven en riesgo los territorios que a pulso lograron controlar; territorios que tienen que ver con la cercanía y el usufructuo del poder en todos los sentidos: poder para ocupar y medrar de los negocios del Estado, poder para dictar la línea a los presidentes de la República, de las instituciones democráticas, y de las secretarías de Estado; poder para monopolizar la información en beneficio propio al igual que las decisiones de organismos del Estado que garantizaban su absoluta desigualdad ante la ley; poder para evadir impuestos, para monopolizar los mercados, para impedir el control ciudadano a las empresas, para obtener ganancias gracias al contrabando de las importaciones estatales, etcétera, etcétera, etcétera.
Ahora, esos cientos de huérfanos claman porque no hay un Estado puesto al servicio de sus empresas, familiares y amigos.
Bien, digamos que todo esto es un verdadero descuadre para las elites. Han enviado mensajes en todos los tonos: desde titulares excesivos en la prensa como "Correa asaltó la Junta Bancaria", hasta llamados a concertar lo más vaporosos posibles. Pero, quienes conocen la catadura moral del Presidente saben que no hay marcha atrás. Ya dio él un mensaje directo a todos estos llamados: La mía no es una estrategia confrontativa, YO SOY ASI. Y como él es así, pues salados.
Reconozco que en la arena periodística está de moda atacar al Presidente y su proyecto. En realidad, es un proyecto ciudadano, sin un partido organizado atrás, aún caótico y con algunos autogoles de por medio, como el intento fallido de los hermanos Correa, Pierina y Fabricio, de volver por los fueros de la vieja política e intentar insertarse en los estilos de las dinastías familiares tipo Bucaram o Gutiérrez (si a esta última se la puede llamar eso). De todas maneras, decía, la prensa, los llamados líderes de opinión o presentadores de noticieros y redactores de análisis o editorialistas, han concertado en contra del Gobierno, casi en el mismo porcentaje conque la gente apoyó el Si a la Asamblea: 8 de cada 10.
Lamento decirlo, pero hay colegas ciegos. Varios periodistas se convirtieron en voceros o corresponsales de los poderes fácticos: si la banca es atacada, pues a defender los derechos de los banqueros y divulgar lo bien que se portan; si la clase política es atacada, pues a defender a los partidos (o a los que simulan serlo) y sus caciques y con ello confundir vigencia del sistema corrupto, que sostuvieron y jamás denunciaron durante lustros, con democracia; al parecer ciertos periodistas y medios de información han resuelto darle la espalda a la gente. Creo que son honestos en eso, porque precisamente han sustentado su "poder mediático" y personal, gracias a las convivencia con esos poderes. Hay presentadores de canales de televisión que se declarar imparciales y son relacionistas públicos de la Cámara de Comercio: hay mujeres colegas que dicen ser investigadores, pero reciben salario mensual de una empresa de telefonía móvil; hay periodistas que tienen sus productoras y oficinas de relaciones públicas y sus clientes se convierten en los principales invitados de sus programas "independientes". ¿Imparcialidad? ¿Libertad de prensa? Lo dudo.
Ojo, no abogo por la falta de crítica a un régimen que comete errores y algunos bien gruesos. Abogo porque los medios aprendan a valorar y a leer el pulso de su pueblo, de la gente a la que llegan y que cada vez los va encasillando oprobiosamente con la oposición política. No hablo de que la oposición no tenga derechos, ni que ese derecho incluya a medios de información que se convierten en sus voceros. Hablo que los medios, que son parte de esas elites, no tienen derecho a mezquinar la memoria colectiva, a esconder la historia, y a presentar a los causantes de la catástrofe nacional como sus salvadores. Creo que esos periodistas, que se acostumbraron a los cócteles de lujo, a los almuerzos de gourmet, a los sobacos perfumados, no le perdonan a la gente la esperanza. Se creen dueños de la verdad, del territorio de la palabra y de las ideas. Y por eso es que tampoco nadie les cree, la gente los ve pero se ríe, los oye pero los repudia, los lee pero los detesta y desprecia. Allá ellos, terminarán hablando, solos, para sus conmilitones...
¿Puede haber mayor desparpajo que a un Lucio Gutiérrez hablando de atentados y violencia? Sí. Mayor desparpajo hay en un periodista que por ceguera ideológica es incapaz (y muy cínico) de recordarle a este individuo su verdadera calaña y lo que hizo en su Gobierno.
Las elites que usufructuaron del país, que abusaron de su democracia y sus instituciones, están desconcertadas. Cuando un dirigente honesto pierde credibilidad ante su gente, opta por irse, reconoce su derrota moral y termina desapareciendo para, si tiene suerte, volver reciclado después de un mea culpa. Pero hablo de dirigentes honestos, de elites que en algún momento habrán pensado en el bien del país y de su gente. Eso, en el Ecuador, no existe.
Belinda Terneus — 11-06-2007 01:08:58
AMERICA MEZA B — 04-07-2007 22:23:01
Jorge Soria — 05-07-2007 03:20:34